El caso Akima abre el debate sobre el uso de rostros para crear modelos con IA
El caso de Akima pone en duda qué ocurre cuando una persona acepta que fotografíen su rostro para una campaña publicitaria y, años después, sus rasgos podrían aparecer modificados en personajes digitales destinados a otros clientes. La inteligencia artificial facilita ese tipo de transformaciones y abre una discusión sobre el consentimiento, la identidad y quién puede obtener beneficios económicos de esas imágenes.
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